Disfruta la vida como los niños
- 25 ene 2017
- 3 Min. de lectura
Los niños nos enseñan que la vida puede no ser tan complicada para vivir en armonía, es cuestión de darle el valor a lo que realmente importa.

Mañana será otro día
¿Te has levantado alguna vez apesadumbrado? ¡Si el día aún ni ha empezado! Tendemos a arrastrar nuestras preocupaciones en vez de soltarlas. Lo que nos agobia nos frustra y nos hace sentir infelices.

No transportemos tales cargas de un día para otro. Cada nuevo día es un nuevo comienzo lleno de aventuras, de retos, de gente por conocer.
Dejar las cargas atrás y ver cada día como una nueva oportunidad nos brindará una de las mejores sensaciones que podemos experimentar.
Sonríe todo lo que puedas

La vida a veces es dura. Las responsabilidades, las cargas, todo eso de lo que hemos sido conscientes en el punto anterior nos arrebata la sonrisa.
Por eso es importante sonreír. ¿No tenemos motivos para hacerlo? Entonces busquémoslos. Pues ya lo dijo Chaplin: “un día sin reír es un día perdido”.
¿Qué estás haciendo en tu zona de confort?

A medida que pasa el tiempo en nosotros se ha instalado la comodidad, la seguridad de lo ya conocido y hemos dejado atrás lo que tanto nos estimulaba.
Dando solo pasos hacia lo conocido jamás podremos crecer. Lo importante es hacerlo hacia aquello que aún no hemos descubierto. Disfrutemos descubriendo nuevas cosas.
Arriesguémonos, no se pierde lo que no se tiene. Elige salir de la zona de confort cada día, no será fácil, pero valdrá la pena.
Muestra con orgullo tus cicatrices

A diferencia de los adultos, los niños muestran con orgullo cada una de sus cicatrices, en vez de lamentarse por ellas. A veces, incluso se quedan ensimismados mirándolas.
Para los adultos, muchas de nuestras cicatrices son internas, heridas emocionales que cuesta más ver y, por eso, aprovechamos para ocultarlas.
A medida que nos hacemos mayores queremos ser más perfectos. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene una herida en el corazón.
Así que no nos avergoncemos por ellas y mostrémoslas con orgullo. Solamente así podremos aprender y liberarnos de la carga que supone esconderlas.
Disfruta de las pequeñas cosas

Te han dicho mil veces que pareces un niño pequeño por sorprenderte al ver un avión volar o un tren pasar. Esto te ha hecho pensar que no te estás comportando como debieras.
Sin embargo, no atiendas a estas críticas que están haciendo eco en ti e impidiéndote disfrutar de ser quien eres, de tu libertad.
Emocionarte con lo más insignificante –para algunos– significa que sabes valorar y apreciar lo pequeño de la vida. Muchas veces lo mejor de ella está hecha precisamente de pequeños detalles, eso es lo que nos da felicidad.
No atiendas a verdades absolutas

Llega un momento en el que dejamos atrás esa época en la que preguntamos todo y dejamos de cuestionarnos cosas por temor a quedar como tontos.
No lo hagas. No hay verdades absolutas y nadie lo sabe todo. Esto solo hará que camines a ciegas. Pregunta, cuestiónatelo todo, no aceptes como cierto lo que la sociedad te ha hecho creer.
Abrirás las puertas a un mundo nuevo y te descubrirás más puro y auténtico que nunca.
¿Qué es lo que te hace feliz?

Tan solo déjate llevar y ve en busca de lo que realmente te hace feliz.
Por lo tanto, ¿por qué no dejar que las cosas fluyan? Echa hacia un lado todos esos pensamientos que te hacen pensar en qué es correcto y qué no lo es.
Deja de postergar lo que quieres hacer ahora.
La vida es mucho más fácil de lo que pensamos y menos dura de lo que nos hacen creer.

Aprendamos de lo simple que puede ser encontrar la felicidad como los niños






















Comentarios